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lunes, 27 de octubre de 2014

Platicó con un Fantasma

Este  reportaje de Manuel Villegas, no lo había incluido en mi blog, por lo tan trillado que está esta historia aquí en Tijuana; pero ¿y quienes siguen mi blog y no son de aquí? Además se me hace muy interesante porque señala a partir de cuándo y cómo surge la popularidad de tan querida novia de Tijuana. 

—Titulo original, "Bella en el Cementerio"—

TIJUANA, BC (AFN)- Esta es una historia para leer antes de irse a dormir, y narra sobre lo que aconteció a un joven llamado Juan Zárate, quien casi a la medianoche del sábado 6 de diciembre de 1952 bajó de un autobús frente al cementerio y se encontró con una bella mujer vestida de blanco.

La tradición oral convirtió ese encuentro casual entre dos jóvenes en una de las historias y leyendas urbanas más difundidas, extrañas y aterradoras de Tijuana en las últimas cinco décadas.

Quizá Usted, lector, —si ha radicado en Tijuana— recuerde haber escuchado del tema si le refiero, por ejemplo, "El Panteón de Puerta Blanca", "La aparecida del Panteón número Uno", "La Novia de la colonia Castillo", el fantasma de Enriqueta Gil o cualquier otra frase que se me ocurra y que tenga que ver con una mujer de ropas claras caminando en el cementerio más antiguo de la colonia Castillo, en la actual delegación Zona Centro.
Pero en torno al caso existen documentos, testimonios y fotografías que demuestran el revuelo que se armó entre la población durante ese mes y por semanas, aunque al final el paso del tiempo ha diluido los recuerdos y deformado los hechos, generando incontables y diferentes versiones.

En esta entrega de Tijuana Fauna le ofrecemos la verdad de lo ocurrido esa noche, de la que han pasado ya 59 años y una semana.

Juan Zárate, afirman los cronistas de la época, era entonces un joven recién llegado a Tijuana en esos días; provenía de Jalisco y encontró trabajo como dependiente de una tienda de abarrotes de nombre "Baja California", que se ubicaba en el cruce de las avenidas Baja California y "F", donde hoy es la Zona Norte.

Vivía el joven Zárate en un domicilio del Callejón Juárez con uno de sus primos, a quien se identifica con el nombre de Severiano Garibay, y con la esposa de éste de nombre Estela, quienes afirmaron que la noche del sábado en cuestión el muchacho andaba de fiesta pero regresó a casa corriendo con la mirada perdida, "muerto de miedo", demacrado y sin poder pronunciar palabra alguna.

"Creyeron que venía herido, pero al ser revisado no le fue encontrada lesión alguna", indicaron los testigos.

Por años, el matrimonio Garibay conservó el testimonio que Juan escribió de su puño y letra sobre lo ocurrido, en el que dio cuenta de lo que vivió esa noche aterradora en que bajó del camión Azul y Blanco a las puertas del Panteón Número Uno en la colonia Castillo.

El encuentro

Juan Zárate jamás olvidaría que al descender del transporte público tuvo un encuentro con una bella jovencita "con el pelo negro rizado, luciendo vestigo blanco descotado y con una rosa en el pecho". Imaginen su impresión. Pero más aumentó su azoro cuando la hermosa desconocida le habló para pedirle que la acompañara a su casa allí cerca.

Juanito debió pensar que la mujer temía andar en esos rumbos a tales horas, así que, galante, se ofreció a caminar junto con ella hasta donde necesitaba ir. Faltaba más.

Recuerda el joven que caminaron por lo que hoy es la avenida Carranza, aunque no especifica si charlaron algo en particular, y que al llegar a la reja de la entrada principal en la cual observó que estaba cerrada y tenía un candado, bastó un instante en que él se descuidó para tomar un pañuelo de su bolsillo, cuando ella se le perdió de vista de repente.

Al volver el rostro hacia la reja vio a la joven, pero del otro lado, adentro del cementerio cerrado con candado.

Él se quedó perplejo y ella le tendió ambas manos, mientras la decía: "Ésta es mi casa, aquí vivo desde hace 23 años, ven conmigo".

En su testimonio, Juan expuso que la mujer lo jalaba con fuerza de los brazos, y que en su intento por zafarse él se frotó con las rejas metálicas y terminó con varios raspones.

Al librarse de la desconocida, el joven corrió desaforadamente, faltaba más, y sin parar llegó a la casa de su primo, marcada con el número 124 del citado callejón.

"La Hermosa Aparecida"

En las crónicas y reportes periodísticos aparecidos a lo largo del mes de diciembre de 1952, se afirma que Zárate pasó varios días trastornado por lo ocurrido al ser elegido por una presencia fantasmal, a quien los lugareños empezaron a nombrar "La Hermosa Aparecida".

"Se encuentra sufriendo grave trastorno nervioso a consecuencia de haber conversado con una bella muchacha que a la postre resultó ser un ´fantasma´; el pánico que en el joven provocó esta aparición lo mantiene privado del habla, pero valiéndose de un lápiz y papel (...) relató la extraña aventura", señalan los recortes periodísticos consultados sobre el tema de la mujer de blanco.

Las mismas crónicas dieron fe del fenómeno social que siguió a la supuesta aparición "fantasmal", en la cual cientos de personas, de Tijuana y de otras regiones, hacían fila para visitar el Panteón Número Uno de la Castillo para rezar una plegaria a "La Hermosa".

Desde los primeros días, el público atribuyó la presencia del presunto "espíritu" a una jovencita llamada Enriqueta Gil, fallecida dos décadas atrás, y por ende las oraciones y rezos se hacían enfrente de la tumba de la Familia Gil, la cual a la fecha se encuentra en el abandono y muy deteriorada, aunque luce arreglos florales de plástico y la estatua de un ángel al centro, y se ubica justo al final del pasillo principal del cementerio.

De Juan Zárate no se volvió a saber nada más desde esa fecha, y en la Castillo aún hay taxistas y policías que refieren historias sobre una mujer de blanco, otros la han visto vestida de novia, bella en el cementerio, sube a taxis y desaparece, o bien deambula por las calles cercanas a la avenida Carranza en busca de un valiente que quiera acompañarla.

—Tomado de Agencia Fronteriza de Noticias—

"Bella en el Sementerio" Se publicó en Tijuana el viernes, 16 de diciembre del 2011, por Manuel Villegas, en la sección Tijuana Fauna del diario Agencia Fronteriza de Noticias. 

martes, 1 de enero de 2013

La Novia de Tijuana

Muy interesante, tendremos que investigar un poco más, ¿puedo ir a ver el expediente a Ministerio Público?

Anónimo dijo...

Como policías municipales, se nos hizo común; a mi pareja —compañero de trabajo— y a mi, ver a una chavala, muy guapa —vestida de blanco— lo que era poco común era la hora y la elegancia como estaba vestida; exactamente a las cero horas; sentada en los escalones de la Iglesia de San Francisco en la calle tercera; estando el inmueble cerrado.

Con el código pertinente al reportarla, nos detuvimos para interrogarla:

—¿Se fugó de su casa, señorita? —Le pregunté.

—A usted que le importa, —me dijo.

—¿Qué hace aquí a las 12 de la noche, no se da cuenta del peligro que corre?

—A usted que le importa. —Volvió a contestarme; ahora con un poco de desesperación.

—Mire, señorita, ahora hay muchas dependencias del gobierno que la pueden ayudar, si tuvo algún problema —intrafamiliar— en su casa, o cualquier problema, ahora hay donde la pueden atender...

Ella, esta vez se quedó callada, cuando intervino mi compañero de trabajo y le dijo:  

—Vamos, déjanos llevarla a su casa, sus papás han de estar muy preocupados.

—Lo que pasa es que... —nos dijo pero se detuvo.

—Si necesita hablar hágalo, piense que la queremos ayudar, —inisitió mi compañero.

—Lo que pasa es que mi padre no me entiende, y mi novio... no hace por convenserlo.

—Y ¿te dejó plantada aquí? —le pregunté.

—No.

—Vamos —le dijo mi compañero— en el camino nos terminas de platicar todo lo que quieras como amigos.

Se subió la chavala a la patrulla, y le pregunté por su casa y su nombre.

—Enriqueta, vivo en la colonia Castillo.

Y al voltear a verla, y a nuestra vista... ya no estaba.

El código —al reportarla— quedó inconcluso. No sabíamos mi pareja —compañero de trabajo— y yo, que se trataba de la novia de Tijuana.

Ahora los interrogados somos nosotros.



viernes, 1 de junio de 2012

La Enlutada de Puerta Blanca


—Más de la novia del bulevar—

Que bonita ha de haber sido, y que apasionado su gran amor, que su leyenda, como su ilusión sigue, y sigue siendo narrada de tantas formas...

Hoy en día, de una forma u otra, entre la gente sencilla; como de la nobleza, se cree que las ánimas inquietas; son almas que no se han ido al descanso eterno, porque dejaron algo sin terminar —en este mundo— quizás una promesa no cumplida o algún trabajo no terminado; de ahí surge su inquietud en la tumba y su clamor e insistencia a los vivos. Esas animas necesitan decirle adiós a alguien, pagar una deuda, revelar un secreto; quizás, hacer algún reclamo, o delatar alguna injusticia. La muerte siempre nos sorprende, dejándonos con algun asunto pendiente.

Hay tantas personas que juran haber visto o experimentado estas visitaciones, las cuales para ellos han sido realmente verdaderas, explicitas, y en algunos casos, también muy frecuentes. Aquí en Tijuana existen ese tipo de historias de animas inquietas. Animas que —quizás— tengan algo todavía por resolver en este mundo. Una de esas historias es la de La Enlutada, la dama en duelo —en luto— que sin tregua, busca a su amor prohibido, ¿o será acaso venganza por lo sucedido que la llevaron a su prematura muerte?

Ella era la bella hija de un comerciante bien conocido llamado Zarco, y que allá por el año de 1930, esta hermosa pequeña dama —para su padre toda una infanta—; conoció y quería casarse con un joven varón, humilde; pero muy honrado, el amor de su vida. Pero su padre celoso, rechazó siempre su noviazgo, e incluso la recluyó y prohibió su romance. Ella triste y angustiada, perdió las ganas de vivir y se resignó a morir.

Ya en última instancia y en un estado de agonía, el padre accedió y permitió su matrimonio; pero para entonces, desafortunadamente, ya era demasiado tarde y ella murió.

La gente mayor recuerda su procesión fúnebre, cuando la transportaron en un elegante coche, procesión muy exquisita. Las mujeres llevaban rosas, y lucían vestidos de bonitos colores floreados; y al frente iba una jovencita vestida como un ángel. Mientras los caballeros —de negro— llevaban un clavel blanco en la solapa.

«Sepultaron a la bella, pequeña dama en el panteón numero uno, Puerta Blanca; el mismo cementerio donde años después, también enterraron a Juan Soldado, muy cerquita de ella».

Veinte años pasaron sin saber más de la infanta de Zarco; pero en 1951, de repente hizo su aparición. Se le apareció a un taxista, el cual al pasar por las afueras del panteón en la noche, paró para ofrecerle su servicio. Ella le habló, diciéndole a que domicilio la condujera. Al llegar al domicilio, ella le informó al joven conductor que no tenía efectivo con que pagarle; pero le entregó un anillo, diciéndole que si regresaba al día siguiente, su padre recogería el anillo y le pagaría lo debido.

Al día siguiente el joven conductor hizo lo acordado, llegó al mismo domicilio y preguntó por la pequeña dama. El padre quien había atendido al llamado a la puerta, se enojó con el taxista, pensando de que era una broma de muy mal gusto. Sucedió que el joven dio al padre el anillo, y el padre al ver esto se asombró y pidió más información acerca de como había conseguido ese anillo, el cual le pertenencia a su hija fallecida ya, desde hace mucho tiempo.

El joven le contó lo ocurrido la noche anterior, de como había levantado a la pequeña dama en las inmediaciones del panteón; y ella le había garantizado su pago de pasaje por el padre, a cambio de devolver el anillo. El padre aterrado le pidió que le describiera como era, y el joven conductor la describió a santo y seña, que para sorpresa de ambos, era igual; como aparecía en las fotos que el padre mismo le mostró.

Dicen que la pequeña dama en luto y triste; pero como toda una infanta —una princesa— se sigue apareciendo aun hoy en día en las calles y avenidas de Tijuana.

Poco después de la aparición al joven taxista, se le apreció a una persona que caminaba por la calle junto al panteón; y después, a otras más. ¿Qué les dijo? —o— ¿qué es lo qué busca? ¿quién sabe? No hay mención especifica —en nigún archivo— de parte de todas esas personas que dicen haberla visto; pero quizás, no necesitemos saber más, pero que murió triste y sin cumplir su sueño de bodas; cuyo padre tanto se opuso, matando su lindo corazón, y terminando así, con la joven vida de su infanta.

Después de haber ocurrido estas apariciones —legó la gente de entonces— el padre, con gran remordimiento y lleno de tristeza, murió la mañana de Navidad de aquel año; y sus restos, junto a los de su infanta, yacen en el nicho familiar en Puerta Blanca.

—Con colaboración de Lonewolf, San Diego, CA—

martes, 1 de mayo de 2012

La Chica que Murió de Amor


—Otra versión de la Novia del Bulevar, Enriqueta Gil—

En la misma área donde esta Juan Soldado, un poco más adelante —Puerta Blanca es el nombre del panteón— hay una tumba que siempre tiene flores frescas; tumba muy limpia y arreglada; y dicen los lugareños que hay descansa una niña que murió de amor .

¿Descansa? —Me pregunto a mi mismo— Deja me explico...

Cuenta la leyenda que era una muchacha rica; y que murió de amor porque su padre la encerró y no le permitió seguir con su novio —que era un chico pobre— ella dejó de comer y murió de tristeza, la sepultaron ahí en el panteón de Puerta Blanca.

Años después, se veía —muy seguido— a una muchacha que pedía la llevaran a la iglesia de San Francisco, que está frente al parque Teniente Guerrero; cuando salía —de esa misma forma— pedía transporte, y se bajaba frente al panteón; que para entonces era un lugar solitario, en la actualidad hay muchas casas —en frente— y a sus alrededores.

En una ocasión la levantó un taxista; y decidió esperarla a la salida de la iglesia, para llevarla de regreso al área del panteón. Cuando bajó del taxi hacía frío y el joven taxista le prestó gentilmente su chamarra para que se cubriera. Ella le pidió que fuera a recoger su chamarra a una dirección que le dijo; y también le dijo que ahí le pagarían el transporte al día siguiente.

A esa dirección fue el joven taxista, puntualmente al día siguiente. El muchacho tocó la puerta; informó a la persona que le abrió que iba por su chamarra; y por el importe que la muchacha le había quedado a deber. Un señor ya viejo le dijo que no, que ahí no había ninguna chica joven. Él la describió a este señor, quien a su casa hacía pasar, y quien enseñó una foto de una joven —mi hija que murió hace mucho—; el muchacho la reconoció de inmediato, fueron al cuarto de la chica y ahí encontraron la chamarra colgada tras la puerta, el muchacho salió corriendo enloquecido. El pobre viejo se quedó atónito y adolodido.

Como podrán comprender es una leyenda, y hay muchas variantes de la misma, cada quien la cuenta a su manera. Lo que si es verdad es que su tumba está allí; y siempre con flores frescas y muy limpia. Y hay quien dice que la imagen, un hermosa estatua de mármol que la representa —como si se moviera—; pues hay quien a visto su rostro a veces con lagrimas, y sus manos —de ida en ida— cubrir su pena.

jueves, 7 de julio de 2011

La Novia del Bulevar

También conocida como la mujer de Puerta Blanca

En el bulevar, unas cuadras antes de donde está la avenida Revolución, mi papá, que manejaba un taxi libre; plática que ahí, una tarde-noche, le pidió su servicio una muchacha.

Dice que era una muchacha guapa, muy blanca, de rostro serio y que traía puesto un vestido de novia. A mi papá se le hizo al verla, algo fuera de lo común, algo muy curioso; y se esforzó por no reírse.

Mi papá, después de unos instantes, con animo alegre, y sin querer ser sínico, le preguntó: — ¿a qué iglesia te llevo, mi novia? ella simplemente contestó: —a la avenida Carranza, por favor.

Mi papá le trató de hacer plática; pero ella tan solo contestaba en monosílabas —sí, no, o ah— sin ningún interés en la conversación.

Y ya, cuando estaban en la avenida Carranza; le dijo, —frente al Z Gas, por favor.

Mi papá sabía que estaba frente al panteón #1 —Puerta Blanca— famoso por ser el de Juan Soldado… Y cuando finalmente llegó, volteó hacia a tras para cobrarle; pero ya no estaba y tan solo vio un ramo, un ramo de novia en el asiento…

Se cuenta, que esta mujer vestida de novia se le ha aparecido a muchos transportistas —aquí en Tijuana— que de igual manera, al llegar al panteón, desaparece; a otros, antes de desaparecer, los ha invitado a acompañarla, y alguno, le ha dicho su pena: —y el dolor por el cual murió—.

—Rosalba Amado «1986» Colonia Sanches Taboada—

Leyenda popular entre los taxistas y otros transportistas del área metropolitana de Tijuana




Otra Versión

Me parece que todas las culturas de todos los poblados de todo el mundo tienen una leyenda que se le parece; esa del clásico fantasma que te pide un aventón para luego desaparecer y dejarte perplejo y todo asustado. Tijuana tiene su propia versión, pero a diferencia de muchas, esta puede ser rastreada hasta su fuente original y su difunto protagonista.

Se dice que hace ya varias décadas, existió una muchacha llamada Enriqueta Gil, bastante bella, de una familia adinerada y con un padre elitista; que claro está, le prohibía terminantemente casarse con el muchacho que ella amaba por ser pobre. Aun con las intervenciones del progenitor de la joven, el par de enamorados encontraban la manera de verse y de darse… cariño.

Por alguna circunstancia que no se sabe, Enriqueta enfermó de gravedad, el padre trató de todo para salvarla, hasta le llevó al galán para que se casaran, pero fue en vano, ya que la joven murió, no sin antes prometerle a su amado que volvería a verlo alguna vez...

Al día siguiente enterraron a la preciosa mujer en el panteón de Puerta Blanca (el municipal #1), en la tumba familiar que todavía existe.

Del novio nadie sabe nada, desapareció, flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones al morir su vieja.

Pero aquí es donde la historia se torna interesante, ya que muchos taxistas y conductores, que han pasado a altas horas de la noche enfrente del panteón, juran que una bella mujer se ve caminando por entre las tumbas, o recargada en la reja del cementerio, mirando hacia afuera, esperando ver una vez más al amor que se le fue.

Las variaciones de la historia existen, esta la clásica esa donde recogen a la muchacha en el centro para llevarla a casa y resulta ser un fantasma que atraviesa las puertas, también dicen que la mujer se ve rondando por las afueras del panteón, donde se lleva a la tumba a hombres jóvenes que anden merodeando por el lugar.

La verdad usualmente es más fantástica que la ficción, así que habrá que preguntarle a la familia que ocurrió en realidad.

—Pajaromalo—