sábado, 1 de septiembre de 2012

El Niño del Coco


Creen que soy centroamericano; pero soy en realidad jarocho (otro gentilicio para veracruzano); pero ahora vivo en Rosarito; y lo que quiero relatar aquí es de la visita de la "mala persona".

Soy una persona sencilla, pero no supersticiosa y lo que vi aquí, en Rosarito, me dejó sumergido en el misterio. Estoy muy intrigado.

Fue recientemente, ahora que hizo mucha calor, calor que nosotros ya estamos familiarizados, era tanta la calor que siguió después de la ligera llovizna; que a pesar de que ya estamos familiarizados con éste, no podíamos dormir.

Eran las tres de la mañana, estoy seguro; pues eché un vistazo al despertador. Como le comento, la calor era intensa.

Opté por dejar la cama, y me dirigí por un vaso de agua a la cocina, las ventanas de la cocina y de toda la vivienda estaban abiertas, y fue entonces mientras me servía el agua que oí que de las palmeras se soltó un coco.

No son muy común aquí los cocoteros —las palmeras con cocos— por eso me asomé por la ventana y allí estaba el coco tirado en el suelo, de impulso y por lo sabroso que es la agua de coco quise ir a recogerlo, pero al dirigirme a la puerta y al abrirla, lo vi ahí, mirándome a mi directamente, riéndose de mi —junto al coco—: la mala persona, un niño como de dos o tres año —en pañale— y de pie, recogiendo el coco.

Fui a levantar a mi esposa para que lo viera, pero al llegar —al regresar— a la puerta ya no estaba.

Era la mala persona —estoy seguro— pues un niño de dos o tres año, en pañale, riéndose, no está a las tres de la mañana recogiendo cocos; metiéndose en los patios traceros de las casas, riéndose y burlándose de la gente.


—R. A. G. - Lesly Lesly

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