viernes, 1 de junio de 2012

El Pobre y su Casita en el Arbol


"El día que el pueblo se ocupe de su gente, vivirá entonces en el primer mundo."

No tenía casa propia, tampoco tenía gente que lo entendiera; que lo ayudara, era muy pobre; para vivir se hizo un ladrón y buscó la falsa salida de las drogas; para todos, tan solo un loco más —y un drogadicto—, y como tampoco tenía un techo donde dormir, decidió hacer una casita en un árbol...

Se llama, José, había llegado aquí arriesgando su vida, en el horrible tren de la muerte, "la vestía", al llegar a Juarez escuchó que por Tijuana sería mucho más fácil; y así, entre transporte y transporte , con la ayuda de otras personas logró llegar a Tijuana, para luego —ingeniárselas— para cruzar a San Diego.

El decía que era mexicano, para abrirse puertas entre los mexicanos que ya vivían en San Diego. Aunque su acento fuera otro y su tono tan distinto.

Trabajó felizmente en un centro comercial, en "Mission algo", y logró rentar en compañía de otros, un modesto apartamento. Modesto, pero muy cómodo, tres dormían en la sala y otros tres en la recámara, cómodo porque tenía baño.

Todo parecía de color de rosa.

Y sin embargo, un día de primavera; pero frio como de invierno, los reportaron, y aquel grupo de amigos que hacían "vaca"; de aquel pequeño apartamento fueron regresados a Tijuana, injustamente para José, porque el necesitaba ir a Managua.

José era estudiado, muy limpio y ahorrativo; quería llevarle algo a su familia que no olvidaba; pero todo ese dinero se perdió cuando los desalojaron de aquel apartamento, que parecía tan cómodo, junto con todo aquello que una vez compró, sus tenis de marca, su chamara de gamusa, y sus tres livy's.

Y otra vez a batallar, en un mundo tan rudo y tan difícil.

Encontró un lugar en la casa del pobre; pero allí solo pudo estar tres días. Los días suficientes para encontrar trabajo; reglamento de esa villa.

Ningún problema, al tercer día a temprana hora lo encontró, un trabajo no tan bien pagado como el que tenía en San Diego; portero de un bar se convertía en su nuevo oficio. "Pásele joven, aquí esta lo que busca." Decía José a los transeúntes.

José era cristiano, no tomaba ni fumaba, y seguía con la gran esperanza un día de volver a casa, con un poco más de lo que aquí llegó. ¿Pero, porqué la gente puede ser tan mala? Al buen José un mal amigo le regaló una soda... Una soda contaminada con no sé que sustancia; con la cual el buen José perdió el estribo y un millón de neuronas.

José, quería hacer algo, y ya no podía; sentía que a su mente algo ahora le faltaba, ya no encontraba, ya no entendía, parecía esclavo ahora del mal amigo. Perdió su trabajo, y su cuarto en la "Primera" y méndigo de peso en peso, ahora se hizo.

Ahora cree José que la respuesta esta en las drogas.

Y de aquel muchacho estudiado, limpio y distinguido, solo quedo el recuerdo, porque José se convirtió en un tipo, sucio, sin la capacidad de pensar, que inspira ahora ambas cosas: tristeza y desconfianza.

Ahora José vive de lo que mendiga y de lo que roba. Y como se cansó de dormir en la calle, se las ingenió para hace un cuartito en la copa frondosa de un árbol.

Me gustaría ayudar a José, ¿pero como ayudas a un farmodependiente?

Y así como José, ¿cuantas personas, deambulan como fantasmas por las calles de nuestra querida Tijuana? Cada vez son más, cada una con un apodo, pero realmente con su nombre y su apellido, cada una; una historia, un porqué, y lo más triste; sin quien los ayude y cada vez más jóvenes.

No me queda que terminar como empecé, el día que el pueblo se ocupe de su gente, vivirá entonces en el primer mundo; pero por lo pronto, —por favor— dile no a las drogas.

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