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jueves, 1 de noviembre de 2012

Los Vecinos Raros


Este relato no es de aparecidos, ni de fantasmas... ¿De misterio? No sé, se los dejo a su criterio. Todo empezó allá en mi infancia. Soy un anciano, tengo ya muchos años y antes de que cierre mis ojos para siempre; quiero compartir con alguien esta experiencia— que no quiero que se quede en el olvido, que no quiero llevarme a la tumba.

Yo tenía once años, o menos, el paisaje era totalmente diferente —a nuestra actualidad—, La Postal y La Colonia Ruiz Cortines, parecían pequeños poblados. Eramos muy pocos colonos. Y nosotros quince de familia. —Contando a los abuelos—.

La gente parece que siempre es la misma, nuestra gente —mexicana— parece que nunca cambia; los pobres que no quieren a los ricos y los ricos que no quieren a los pobres; y la clase media que no existe... pero estas cosas no es de lo que quiero hablar.

De lo que quiero hablar es de este recuerdo que acaricio de cuando en cuando en mi memoria...

Eramos muy pobres, eramos muchos y mi señor padre que no podía mantenernos, y me pusieron a bolear calzado, junto con otros de mis hermanos; bajábamos la antigua y polvorienta calle cuya bajada es una de las más empinadas de la ciudad, y nos íbamos hasta el centro para trabajar entre lo que ahora es la Revolución y la Constitución, para ayudar con los gastos a mis padres.

Y aunque vivíamos entre gente más o menos de nuestra condición económica y social; nosotros eramos los más pobres de la colonia: los boleros, los más amolados, los hambrientos... Pero seguro que por ser muchos, eramos muy unidos; y no nos importaba la critica de los vecinos.

Tal vez por esta situación, muy seguido nos dejaba alguien en la puerta de la casa alguna caja o bolsa de papel de las que se usaban antes; con un poco de despensa.

Pero nosotros no eramos los raros de la colonia; había otra familia que parecía de otra parte del mundo, de otra raza, o de otro planeta: les decíamos, "los raros".

Los raros no salían de su casa; eran el tema de conversación de grandes y chicos; de todos los vecinos. Los únicos que no salían al cine en la calle —cuando se usaba cerrar la calle para una pantalla—. Nadie sabía como se llamaban. Unos decían que eran de Rumania otros de Transilvania. Eran muy blancos, eran serios, eran un misterio.

Pero yo los saludaba y les decía adiós de lejos; aunque en mi casa estaba prohibido hablarles, aunque los niños vecinos de mi se burlaran, yo los saludaba. Para mi eran personas, no marcianos. Antes no era muy común tener vecinos diferentes. Pero lo que si era común era ver a los pachucos, pandilleros de aquella época; que procedentes de Estados Unidos —muchos de ellos— se sentían los amos y señores de las colonias.

Un día uno de esos pachucos me reconoció que yo era uno de los niños que boleaba zapatos en el centro; y me dijo: —muchacho, boleame los zapatos.

Muy obediente me puse a bolearle sus zapatos; y a la hora de cobrarle, me dijo: —ya te puedes ir— Sin pagarme y sin darme ni siquiera las gracias.

En otra ocasión ese mismo pachuco me vio y —aunque traté de esquivarlo— me persiguió y me pidió otra vez bolearle el calzado; esta vez iba con mi hermano y el pachuco con dos pachucos más... Le dije a mi hermano: —Corre!

Estábamos como a dos cuadras de la casa; y corríamos en esa dirección; pero los pachucos nos alcanzaron, agarrándome a mi del cuello de mi camisa y a mi hermano, del brazo. Exactamente en frente de la casa de "los raros".

Estábamos tan agitados y con tanto miedo que no podíamos ni hablar; pero de esa casa salió un raro, luego otro, otros más; papá raro y mamá rara... Y los pachucos, no sé si por miedo o por vergüenza, se fueron.

Uno de ellos —los raros— nos preguntó que si estábamos bien, y mientras se metían otra vez a la casa, "mamá rara" sacó de su casa, una bolsa de aquellas de papel con un poco de despensa y esta vez la puso en mis manos.

Nunca les di las gracias, por eso lo quiero hacer aquí; por este conducto, como si por obra de la casualidad por aquí —en este espacio— estas personas me leyeran o me escucharan, y al hacerlo yo mismo me desahogara, quitándome un gran peso de encima,  gracias.


—Ahora, un Viejo Agradecido—

jueves, 1 de diciembre de 2011

Milagro en La Mesa


José Antonio via correo electronico dijo...

Vivíamos en la colonia México Lindo, rentaba un cuarto donde vivíamos mi esposa, yo y mis tres hijos.

Avaricia, error, locura de la juventud, o por querer ganar dinero rápido y salir de mis deudas de igual manera —rápidamente— fui sorprendido en un fraude en la empresa donde trabajaba, y me mandaron al CERESO de la Mesa; donde me dieron seis años de cárcel.

Mi esposa tuvo que encargar a nuestros hijos con mi cuñada, recién casada; para ponerse a trabajar de sirvienta en una casa de la colonia Gabilondo... Pero no ganaba lo suficientemente para seguir con la renta de aquel cuarto; y mi cuñada y mi cuñado apenas empezaban a hacer su propia vida.

Ahora sí que estábamos —solos— sin parientes cerca; sin quién —pudiera— echarnos una mano; pero para entonces el CERESO de la Mesa, era como un pueblito y así era conocido. Gozábamos del privilegio, de si alguien se encontraba en una situación como la mía, podíamos traernos aquí a nuestra familia. Y se vino a vivir conmigo mi familia.

Era muy doloroso para mi esa condena, donde también por mi culpa, condenaba a vivir ahí a mi esposa y a mis tres hijos, que ya no estaban tan chiquitos y entendían todo lo que yo... lo que yo había echo y lo que estaba ahora con ellos pagando.

Tenía ya tres años recluido, y si la sentencia se llevaba a cabo a como la dictó el juez; todavía me faltaban tres... Era diciembre, y con mucha nostalgia, lloraba por la desgracia a que sobretodo condenaba a mis hijos. Sin poder regalarles nada, más que palabritas, que en realidad ya no me salían claras... Cerca de la Navidad, tocó a la puerta de mi carraca uno de los guardias y me dijo:

—José Antonio, lo llaman a la puerta.

Se trataba de la madre Antonia, que se encontraba ya adentro de este lado de la puerta de la penitenciaria... Sorprendido por que me llamó por mi nombre —no me acuerdo habérselo dado— y puso en mis manos unos paquetes adornados con moños y envoltura de regalo, —el de moño rosa es para la niña y los dos de azul, para tus hermosos otros dos.... —Me dijo la madre Antonia, con su acento americano—.

En la ausencia de mi esposa y de los niños escondí muy bien los tres regalos adentro de la carraca. Y la noche del veinticuatro, la alegría de mi niña y mis dos niños, fue mi regalo... Y soñando a lado de mi esposa, me dormí feliz ese día 24; Entonces, a los más buenos internos, según su historia y su conducta los dejaban salir el mero día 25, y antes de las diez de la mañana me avisaron que había sido yo escogido... Creía que estaba soñando.

Y libre, me fui con mi esposa y con los tres, y al ver a los niños cargando sus regalos, voltié para atrás a decirle al guardia, —deja me decirle adiós a la Madre Antonia—. Jose Toño, me dijo el guardia... —La Madre Antonia desde hace varios días se fue con sus parientes a Missouri...

Claro, pensé que había sido flojera del guardia, no querer ponerme en contacto con la madre; pero días después intente otra vez por saludarla, y otra vez, otro guardia me dijo lo mismo, —la Madre Antonia se fue desde mediados de noviembre con sus parientes a Estados Unidos...

En un mercado de la Mesa, —tiempo después la encontré— y le dije que el día de los regalos de aquella navidad, había sido el preludio de mi liberación adelantada... La madre Antonia tan solo me dijo, que de mi no se acordaba; ni de mi, ni de los regalos... Pero me felicitó por mi liberación.

¿Modestia? —No sé—.

Si la Madre Antonia no fue la que puso en mis manos esos regalos, siempre me preguntaré, ¿entonces quién?

José Antonio. Estancia en el CERESO de La Mesa 1985-1988.

Diez de la Noche y Sereno


—Toque de queda en la Chapu—

Era un viernes de 1996 de un frió mes de diciembre... Parecía un día normal, todavía estaba arreglandome para ir a trabajar; mi papá ya se encontraba desayunando. Vivíamos en la calle principal de la Colonia Chapultepec.

Todavía mi papá no acababa de desayunar, ni yo de vestirme —eran como las seis de la mañana— Cuando unos golpes muy fuertes sonaron a la puerta. Se trataba de un soldado que preguntó: —¿Quienes viven aquí? —y después de que mi papá dio los datos de nuestros nombres y apellido, el soldado dijo en voz alta y autoritaria: —De está casa, nadie sale... —y después de un breve momento, agregó—: ...y nadie entra—.

Se trataba de un cateo que se llevó acabo en varias casas de los vecinos. No podíamos creerlo, estábamos varados en nuestra propia casa... Esas primeras horas se me hicieron largas. Yo creía que ésto tan solo iba a durar un par de horas. Qué cosas tiene la vida... Varados, totalmente como en alguna película de la segunda guerra mundial. Estábamos todos pendientes en la casa a lo que sucedía afuera; pero en el canal doce, en otros canales y en el radio, de lo que sucedía en la colonia... nada...

—Nada de lo que aquí está sucediendo, —decía mi papá en voz baja—.

Estábamos comiendo todos muy tranquilos, parecía que el operativo a sus afueras, ya se estaba acabando, ya no se oían correr o hablar a los soldados. Cuando de pronto, se oyó un tiroteo... Un tiroteo que duró desde las 12 del medio día; hasta las 2 —más o menos—.

Y en las noticias: nada.

Y lejos de las ventanas, por ordenes de mi papá tratamos de entretenernos con la tele. Eran las seis de la tarde —ya habían pasado doce horas— cuando un altavoz anunciaba allá afuera: —Nadie entra y nadie sale, nadie entra y nadie sale...

No sé como se organizaron los vecinos igual que nosotros, encerrados; no sabíamos que estaba pasando realmente, nosotros todos estábamos varados. Varados en una situación —al menos para nosotros— jamas vivida.

Era un toque de queda, y otra vez el alta voz del soldado: —Nadie entra y nadie sale, nadieee entraaa y nadieee saaaleeeee... Diez de la nocheee y sereeenooooo...

Ese día las viejecítas no pudieron ir al templo, la iglesia se mantuvo cerrada. Los jóvenes no pudieron salir a la escuela y quienes trabajamos, no pudimos ir al trabajo.

A la mañana siguiente, ya no había soldados, patrullas, ni nada... Asumimos que ya podíamos salir de la casa. Tan solo había unos empleados del gobierno en amarillo, limpiando las manchas de sangre en algunas áreas de la calle.

Veneno en Tijuana —1968—


Era septiembre de 1968, México estaba listo para iniciar sus olimpiadas; pero algo pasaba en Tijuana...

Aparte del narcotráfico, y sus escandalos de siempre.

Parathion, un insecticida, era fuente de contaminación de una gran cantidad de azúcar en una bodega del gobierno, matando a 17 niños, y enfermando gravemente a otras 600 personas.

Casualmente —ese mismo año— ese mismo insecticida, causaba la misma muerte para otras 77 personas, envenenadas fatalmente en Chiquinquirá, Colombia. Caso parecido al de Tijuana; pero allí se trataba de pan hecho con harina —igualmente— contaminada por parathion.

La pregunta era entonces —y sigue siendo para algunos—: ¿Quién le estaba vendiendo productos contaminados con parathion a América Latina? —«Who?»—.



Nadie supó. O dicho de otra forma: «Nobody knew».

—Louise F. Bilebof—

martes, 8 de noviembre de 2011

El Chupacabras en Mexicali


MEXICALI.- Un extraño descubrimiento realizaron residentes y autoridades del Valle de Mexicali, tras localizar en dos diferentes casos 8 chivos y 13 borregos mutilados y cercenados en un par de rancherías de la zona rural de Mexicali.

Los pobladores de la zona rural no recuerdan que se haya presentado un caso similar, por lo que el hallazgo les parece muy raro y les hace recordar al ya mítico “Chupacabras”.

El ya mítico "Chupacabras" no es mítico —lo vi con mis propios ojos— era todavía temprano, fui a darle de comer a los animales, me di cuenta que había ya dos borregos muertos, mutilados de forma extraña; cuando de repente ya tenía algo sobre mi espalda, me tumbó al piso; pero para mi buena suerte había un tubo que nunca nadie había tenido el cuidado de levantarlo.

Tomé el tubo y al dar la vuelta vi esta criatura terrible, horrible, nunca en mi vida había visto algo tan feo... Grité pero era inútil, estaba solo en el rancho, con nadie para escucharme. Pero buenos tubazos le di a ese animal o a esa criatura tan rara.

Se alejó volando sin hacerle ningún daño, quizo morderme; pero no le dio lugar o tiempo mi chamarra, si este animal es un murciélago, es uno del tiempo de los dinosaurios. Lo reporté a las autoridades, pero... Para las autoridades estoy loco.

Ya el mítico "Chupacabras" no es mítico...

La Policía Municipal exhorta a la ciudadanía a extremar precauciones, ya que podría haber en la zona animales salvajes en busca de comida.

Anónimo

martes, 1 de noviembre de 2011

Leones en la Rumorosa


Era mil novecientos ochenta y tantos, de la fecha exacta no me acuerdo realmente... Pero era la Era de los circos, parece ser que todos —los comediantes en México— Tenían su propio circo, además del ya famoso circo Ataide hermanos, había el de Kiko, el de la chilindrina, el circo del chavo, por su puesto; y el de ya desaparecido, Capulina.

Si mas no recuerdo, era el circo de Capulina el que se volcó aquel día en La Rumorosa.

En el periódico salió una nota parecida a está, referente a Capulina, que con otros de los comediantes iban o venían de Tijuana a Mexicali; donde uno de los vagones de su circo se descarriló y se volteó en esa vieja, antigua y peligrosa carretera de la Rumorosa. Y la nota decía: "Informan que Capulina no iba en el vagón volqueado, y la mayoría de los actores salieron ilesos."

Realmente no me acuerdo si hubo o no fallecidos.

De lo que si es inolvidable, con todo y que la notas del mexicano —el periódico de la frontera— hayan dicho que ninguno de los animales se había escapado... Nadie creyó eso. Nadie quería quedarse tirado en la carretera, la gente viajaba con más cautela que nunca dicho tramo de la montaña.

Y hubo mucha gente quien juró; y jura a ver visto leones en la Rumorosa.

Es que el desierto entre la Rumorosa y Mexicali, es tan parecido al del hábitat natural de esos leones africanos, —Rumoraban— que hasta crías de estos leones por la Rumorosa ya rondaban... y a la mejor, allí siguen.

Yo era el chofer de mi papá en aquel entonces, y un día que me pidió llevarlo a Mexicali, me dijo: —¿Está bien el carro, Tito? —Y agregó—: "Por esos leoncitos, de tal cirquito, si nos quedamos tirados valimos pito."

Era la forma de expresarse de mi papá; para expresar la vulnerabilidad y el peligro que la gente tenía bajo esas circunstancias, leones sueltos en la Rumorosa; y así, como él, mucha gente creía más en lo que se rumoraba —de esos leones sueltos— que de la misma prensa, de aquellos años.

—Tito Zero—

Momia en Tijuana


Nadie sabe quién era —A la mejor era un inmigrante— O a la mejor un indigente, de los que rondan en las calles y no tenía familia. Nadie lo reclamó, nadie sabe quién era, a nadie le importó. Para la policía y para la prensa, tan solo una momia que la naturaleza formó...
TIJUANA.- Abril, 4, 2011. Un cuerpo en estado de momificación se encontró en una “boca de tormenta” donde corren el agua en la rampa descendente de la Central Camionera en Mesa de Otay.

Un albañil que labora en una zona cercana a esos terrenos conocidos como “La Pechuga” descubrió el cuerpo alrededor de las 08:30 horas de ayer domingo.

Agentes de la Policía Municipal fueron alertados por el descubrimiento, quienes acudieron el lugar y tras confirmar el hallazgo solicitaron la presencia de agentes de la Policía Ministerial y peritos de la Procuraduría General de Justicia del Estado.

Se cree la víctima tenía por lo menos tres meses de haber fallecido y como el lugar donde estaba corre el agua, el cadáver sufrió momificación, expresaron algunos agentes.

Roedores y animales silvestres se comieron parte de un brazo, además se encontró tenía puesta una camisa azul a cuadros, así como un pantalón al parecer de mezclilla.

Hasta el momento se sabe —el occiso era un hombre— los restos se trasladaron a las instalaciones del Servicio Médico Forense donde se le practicará la necroscopia de ley. (sba)

—Said Betanzos / EL MEXICANO—




jueves, 13 de octubre de 2011

La Niña del Anuncio Expectacular


Cómo resolviéndose un misterio; se empezaba a revelar la imagen de una niña en un anuncio espectacular, en Chula Vista, California ¿Histeria colectiva, o un reclamo de justicia? ¿Casualidad? O simplemente ¿un juego de la imaginación? No me acuerdo como se llamaba aquella pobre niña que su figura apareció en un anuncio luminoso —a lo que hoy llaman "monumentales"— en Chula Vista, California, a unos cinco minutos cruzando la línea; tal vez algunos de ustedes si se acuerden.

Pero aquí lo que yo recuerdo...

La iluminación del anuncio hacia que se plasmara algo así como una impresión negativa —de una foto— en lo blanco de aquel anuncio. Estaba en blanco; porque no tenía anunciante en ese momento; una impresión negativa como de una foto revelaban la imagen de una niña: la carita de una niña asesinada, unos pocos días antes.

Muchos decían que era un milagro; otros —una petición de justicia— pues parecía que su caso quedaba impune.

Al principio la miraban tan solo unos cuantos; pero los cuantos se convirtieron en cientos y los cientos en miles de gente que juraba mirar la carita de la niña al grado que la policía cerraba la calle y calles aldeanas a ella.

Eventualmente el corporativo propietario del anuncio luminoso, o "monumental" como les dicen hoy, optó por tumbarlo; para evitar las aglomeraciones de gente que ahí se reunían. Fueron cientos de ramos de flores y las decenas de ositos de peluche que la gente dejaba ahí, bajo el anuncio.

Apropósito, algo así como 20 años después por ADN la policía localizó a un "parcherito" en la cárcel que había sido el autor de ese horrendo crimen.

No me acuerdo del año ni del nombre de la niña por ahora; pero fue un hecho que conmocionó a la gente de ambos lados de la frontera.
—Hector, Chula Vista, CA—



Hola Hector.

Gracias por tu participación.

Sí, me acuerdo, no con mucho detalle; pero sí es cierto, fue un caso que impactó mucho a Tijuana y a todo San Diego. La memoria esta trabajando y pone todos esos datos como quien arma de un rompecabezas…

Esto pasó en 1991. La niña de nueve años se llamaba Laura Arroyo, en paz descanse. Foto y datos aportados por comentarista anónimo.


El asesinato de Laura atrajo la atención nacional —de Estados Unidos— semanas después de morir, cuando esta multitud decía poder ver su cara en ese anuncio expectacular en blanco, cerca de la intersección Main Street y Broadway, en Chula Vista, California. Miles de personas se reunían en esas esquinas cada noche para ver el "Milagro en la Broadway," una imagen, decían como la carita de Laura.

Después de un tiempo de esas aglomeraciones y congestionamiento de trafico, cambiaron esa imagen por una gran fotografía a color de Laura sonriendo. El anuncio con un mensaje pidiendo; si alguien sabe lo sucedido a Laura, llame a la policía.

martes, 21 de junio de 2011

El Moribundo de la Clínica 20


Sabía que se iba a morir, pues estaba en el tercer piso; él como ya conocía desde antes la clínica 20, se había hecho a la idea que el tercer piso, era el piso de los desahuciados. Yo era el único enfermero varón, y él prefería que yo lo asistiera. No tenía familia cerca y nadie lo visitaba, su amigo que lo trajo no quiso; o ya no pudo acompañarlo. Y siempre que me tocó el turno, le daba gusto verme.

Acababa de graduarme de la escuela de enfermería, y Tony —diré que se llamaba Tony, por motivos de privacidad— fue uno de mis primeros encargos como enfermero titulado. La mayoría de los pacientes terminales pueden ser muy deprimidos, algo que no era el caso con Tony; a la mejor por eso siempre lo voy a recordar con mucho cariño; además, de lo que por enseguida explico.

Con todo y esto —saber de que ya tenía sus días contados— aun así, siempre traía una sonrisa entre sus labios y me decía: —sonríe; para que nos hagas más curada nuestro vuelo; a mí y a los que están como yo.

Yo sabía bien a lo que se refería; pero esto es algo —que nosotros— no debemos hablar con los pacientes, por fin no aguante más y le dije: —si de veras, ¿hay algo que pueda hacer por ti, como llamarle a un familiar, una novia, un amigo, no sé, tú dime?

Por su puesto, no tenía autorización para que yo le hablara así a uno de los pacientes; pero Tony —ya me había ganado— y fue esta mi manera de responder a la amistad, que ya era un intercambio afectivo —mutuo— de muy buena vibra.

Y esto fue lo que Tony me pidió:

—Cuando muera quiero que seas tú; él que le avise a mi familia, en mis papeles viene el teléfono de mis familiares y sus datos, mi mamá se llama Luisa y mi papá José.

«Busca mi ropa, y de mi pantalón —que debe estar por aquí— toma mi reloj y mi celular. Mi cartera esta vacía, pero si quieres te puedes quedar con ella. Regalos para ti que eres bien curada.

—Tony ¿Cómo crees? ¿Qué van a decir aquí en la clínica?

—No te preocupes, todavía hay tiempo, si te dicen algo les diré que yo insistí.

A los pocos días, Tony, murió… Para eso ya les había comunicado al doctor y al equipo administrativo que quería que yo avisara a sus familiares. Al llamarles, no podía entenderlo, cuando la señora Luisa me dijo con mucho dolor y mucha pena; pero ya con algo de alivio:

—Sí, ya estamos enterados. Gracias por haber atendido muy bien a mi muchacho; nos habló maravillas de ti. Y sabemos que te regaló, su reloj, su celular y su cartera. Nos llamó cuando por fin sintió la muerte.

Yo me quedé atontado, es que Tony tenía más de un mes sin poder moverse de la cama y en la clínica no hay teléfonos para los pacientes del tercer piso, ni mucho menos para los que ya están moribundos y con los parientes alejados.

Y su celular sin crédito y sin carga, este asunto; sí, que me ha ganado.

—Enfermero de la clínica 20 en Tijuana—



 
"No tenía autorización para entrar en confianza con los pacientes; pero Tony me hizo su amigo y decidí hacer a un lado las reglas, para ayudarlo. Fue esta mi forma de responder a la amistad, de la que él mismo me otorgó." 



Dato que se me hace oportuno señalar aquí: En México el 6 de enero, aparte de ser el día de los reyes magos, también es la fecha en la que se rinde un homenaje a la labor, vocación y servicio de los llamados ángeles blancos en pro de nuestra salud; las enfermeras y enfermeros de nuestro país —Y aunque hoy no es 6 de enero— nuestros respetos para todas ellas y todos ellos.

miércoles, 1 de junio de 2011

Trágame Tierra


En el tiempo que viví en Tijuana, dos noticias —absurdas— me llamaron mucho la atención en esos años, ésta, de "trágame tierra" —que publico el mexicano— hace como cuarenta años, un poco más o un poco menos; no apunté la fecha exacta, pero si capturé en mi memoria la nota, que aquí más adelante se las redacto. Otra, que fue muy sonada en muchas áreas de trabajo y en las escuelas, una leyenda urbana que se extendía por todos lados en Tijuana, "La mujer que bailo con el diablo", ¿en los ochenta? No me acuerdo; pero también fue un tema que salió en todos los periódicos de su momento.


Trágame Tierra.

A orillas de Ensenada, —no recuerdo el nombre del poblado— se encontraban trabajando un grupo de trabajadores del sector público, arreglando ya los últimos tramos; para que quedada lista la autopista que estaba ya próxima a ser inaugurada por el presidente Luis Echeverría, la carretera escénica Tijuana , Ensenada.

Platicaron “los testigos” que de algo muy personal hablaban, cuando uno de ellos algo comento, y los demás dijeron: "imposible, esto no puede ser".  A lo cual el implicado dijo:

—Que me trague la tierra si esto no es cierto.

Y a la voz de "trágame tierra" la tierra se abrió; lo suficiente para ser tragado por ésta; y luego se volvió a cerrar, quedando otra vez como estaba; y de ese trabajador no se supo nada. Vinieron las autoridades y trajeron tractores especiales para comprobar la veracidad de lo dicho por los otros trabajadores.

No le dieron seguimiento a la noticia.

El periódico publico esta historia como un hecho —como un hecho real— mis compañeros de escuela de entonces se nos hizo una noticia demasiado insólita para que fuera cierta; las noticias de ayer no eran tan peor como las de hoy —en este país— pero aun así, pensamos entonces: seguramente fue un caso inventado para dejar algo impune.

¿Usted qué opina?



jueves, 26 de mayo de 2011

Playas de Tijuana y su Paseo Costero

Tuve la fortuna de vivir en Playas de Tijuana —algunos años— ir a la expo, no recuerdo muy bien el año, a la mejor de 1973 que fue en playas de Tijuana en el Cortijo San José, ver el nacimiento tradicional cada diciembre; —playas— donde los vendedores de casas engañaron a muchas personas —como a mi papá— diciéndoles que allí iba a ver una garita internacional y un poco antes de la línea fronteriza ya estaban los terrenos listos para que México tuviera su propia “Disneylandia” y todo esto, precisamente allí en Playas de Tijuana.

Lo que no era fantasía ni mercadotecnia, era el hermoso paseo costero que tenía Playas de Tijuana, a la fecha, viviendo en Ensenada, y conociendo esta área al norte de Baja California —jamás— he visto algo tan hermoso que lo sustituya.

El paseo costero era la versión romántica de la avenida Revolución —en Tijuana—, o de Hollywood and Vine, en Hollywood, Estados Unidos.

Podías encontrar allí sus restaurancitos —con sus mesas y sus sillas al aire libre—. Eran muchos los mariachis y otros músicos —que allí había— más de los que hoy puedes encontrar en la plaza Santa Cecilia, que realmente no tocan ni cantan en su plaza. O en la plaza del zapato —tiene su ambiente—; pero —no— el paseo costero era diferente.

Fue un momento histórico, donde parecía que los propietarios de esos negocios, en ese paseo costero, realmente trabajaban juntos, todos. Juntos, para hacer de esto algo verdaderamente inolvidable.

Bastaba llegar la tarde, para que las velas románticas de esos restauracitos hicieran un ambiente mágico y a la música de los mariachis haciendo de esto algo único. Nunca he ido a Santa Barbara, pero dicen que el paseo costero era más hermoso que el mismo malecón de Santa Barbara.

Todos, desde el que rentaba bicicletas hasta el más importante empresario, hacía de ese paseo costero un lugar mágico.

Pero…

¿Por qué lo bonito no es para siempre? O ¿por qué no hemos aprendido a ser luchones?

O simplemente, a la mejor fue muy dura la madre naturaleza aquel año.

Parecía que realmente se iba ha acabar el mundo. Hubo muchos ahogados en nuestra gran metrópoli.

No me acuerdo si fueron las lluvias de 1982; pero fueron esas lluvias que junto a un mar embravecido desaparecieron tan hermoso paseo costero; realmente el mar cambio de posición —se adelanto— y se comió, esa parte de la ciudad, el paseo costero; y peor aun; la primera línea de cuadras que estaba frente al mar. Mucha gente perdió sus casas y muchos empresarios sus negocios —y por años muchos— se vieron las ruinas de esas casas, esos hoteles y esos restaurantes; que como película de ciencia ficción; ahora en una nueva playa.


Mucha gente se lanzó a esa nueva playa en busca de recuerdos. En algunos jardines de los vecinos de Tijuana, se podían ver algunos de los letreros de la calle —Ave Paseo Costero— y algunos otros letreros de esos restaurantes.

Pero el recuerdo que prefiero y con el cual me quedo, es el verme caminando —enamorado— por ese paseo costero.


Nota: Acepto correcciones, soy muy malo para recordar fechas, si tu si tienes en mente el año de esas fuertes tormentas, contactate.

sábado, 16 de abril de 2011

El Día que se Recogio el Mar


Eramos varios empleados en aquella empresa, donde hice mis pininos de editor y traductor; el clima estaba muy inquieto,  era año de "el niño"; mucha lluvia, y creo que fue ese el motivo de nuestra conversación. 



"Nunca se me va olvidar el día que se recogió el mar" —me dijo, Marta— una Señora de Playas de Tijuana.


A mi tampoco —le contesté— pues yo mismo viví en playas allá por los setentas:

Estaba en mi casa, era un Viernes Santo, si no me falla la memoria corría el año 1973; era un día azul, de esos típicos de primavera. De repente —como a las tres de la tarde— el cielo se obscureció, se nublo totalmente, y una ráfaga muy fuerte de viento tumbó la energía eléctrica. Por la ventana vi a uno de mis vecinos que se encontraba arreglando el techo de su casa, abrazarse de la chimenea.

Poco tiempo después; por la ventana, al otro lado del escenario vi la carretera —acceso de entrada y salida de Playas de Tijuana— como se retiraban todos los bañistas que se encontraban en la playa. Era una doble fila de autos que no respetaban semáforos ni otros signos de trafico. Una sola doble fila de ida.

Las ventanas de mi casa no tenían vista directa a la playa; pero los testigos oculares me dijeron que en cuestión de minutos la marea empezó a bajar, el cielo a nublarse y el viento fuera de lo normal contra las olas. Vimos como la gente que se remojaba en el mar, salió despaboridamente al sentirse jalada mar a dentro. Vimos las estrellas del mar atadas a las piedras y los peces revoloteando sobre la arena. ¡Y como el mar retrocedía en cuestión de minutos!

Los que contábamos con carro, huimos rápidamente y los de a pie se peleaban por un abentón o por el transporte publico —platican los que se encontraban en la playa ese viernes santo—.

En la televisión y en el radio, ¡evento raro —insólito— se reporta hoy en Playas de Tijuana!

Gente religiosa, creyente, cree que fue una llamada de atención del cielo por no respetar los días santos. Y para los no creyentes, el preludio natural avisando un desastre.


—Foto envidada por José Luis, noviembre 2, 2011—

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